Nada hay más terrible que una ignorancia activa. Johann Wolfgang
Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
Interesante
articulo de
Rob
Reid fundador de
Listen.com actualmente Rhapsody, analiza el inicio de la música online
en relación a los libros digitales online.
Este artículo fue publicado el
02 de junio de 2012, en página C3 en la edición estadounidense de The Wall
Street Journal, con el siguiente titular: What To Do When Attacked by
Pirates.
What To Do When Attacked by
Pirates.
En el
campo de la piratería digital, el mundo editorial se está defendiendo mucho
mejor que la industria de la música.
Hace 10
años, las discográficas creían que habían vencido a la piratería cuando el
enormemente popular Napster —un servicio que permitía encontrar y descargar
canciones en línea— se declaró en bancarrota. En ese momento, las ventas
anuales de música en Estados Unidos habían caído a unos US$2.000 millones,
luego de alcanzar un pico de US$14.500 millones en 1999. Las discográficas
culparon a Napster y afirmaron que la empresa alentaba la violación de derechos
de autor. Desde entonces las ventas han caído otros US$5.500 millones, lo que
representa una baja total de más de 50%.
El
negocio de los libros ahora está más avanzado en su propia historia digital que
el de la música cuando desapareció Napster. Ambas historias comenzaron cuando
los medios digitales se volvieron portátiles. En el caso de la música, eso fue
en 1999, cuando las discográficas fueron derrotadas en una batalla legal para
prohibir los reproductores de MP3. Para los libros, el hito fue el lanzamiento
del Kindle en 2007.
El
negocio editorial ha tenido un comienzo mucho mejor. Ambas industrias
registraron una caída de alrededor de 20% en ventas físicas cuatro años después
de sus respectivos inicios digitales. Pero las ventas de libros electrónicos
han compensado ampliamente la disminución en las ventas de papel, a diferencia
de las ventas de música digital, que se mantuvieron testarudamente cercanas a
cero durante años.
Esto no
prueba que los amantes de la música sean unos delincuentes. Más bien, muestra
que venderles a los primeros en adoptar una nueva tecnología es una buena
decisión. Las editoriales lo hicieron, a diferencia de las casas discograficass,
que esencialmente insistieron en que la primera generación digital o bien
robara música en línea o se quedara por completo sin música.
Siendo
uno de los primeros emprendedores de la industria musical en línea, [
Rob
Reid autor del articulo]
recuerdo bien esta desastrosa
estrategia. En 1999, fundé Listen.com [ahora Rhapsody], con la esperanza de que la
industria de la música adoptara pronto la floreciente Internet como un formato,
de la misma manera en que antes había adoptado los CD, casetes, cintas de ocho
pistas y tres velocidades diferentes de vinilos.
Pero
las discográficas recibieron al primer reproductor masivo de MP3 —el Diamond
Multimedia Rio— con una demanda judicial. La industria argumentó que dudaba
"que hubiera un mercado para aparatos MP3 más allá que las miles de
miles de canciones ilegales en
Internet".
Observe
la palabra "
miles". El
tráfico de música ilícita era insignificante en comparación con los cientos de
millones de canciones que ahora circulan por Internet. El debut de Napster se
produjo casi un año a destiempo, y la práctica de compartir archivos era desconocida
fuera de los círculos técnicos o universitarios.
Lo que
realmente causó entusiasmo respecto a los reproductores de MP3 fueron los
US$75.000 millones que los estadounidenses habían gastado en CDs hasta ese
momento. Los MP3 podrían lograr que esa amplia inversión de los consumidores
fuera más valiosa al permitir que las colecciones de música fueran mucho más
portátiles y combinables.
Pero
las discográficas buscaron infructuosamente proteger al CD a través de una
prohibición que fue rechazada por una corte en 1999. De no haber sido así, es
poco probable que se hubiera inventado el iPod. Y eso habría descarrilado la
cadena de productos e innovaciones que llevaron a la reinvención de los
teléfonos celulares y las computadoras portátiles que electrizan al mundo
actualmente.
Los
consumidores ansiaban nuevas canciones digitales, ya que la capacidad de sus
reproductores de MP3 se expandía de decenas de temas a miles. Las grandes discográficas
no podían prohibir los aparatos, pero tampoco estaban dispuestas a vender
canciones que se pudieran reproducir en ellos.
Para
ese momento, la música digital se expandía exponencialmente. La popularidad de
Napster creció a pasos agigantados, mientras las discográficas insistían con su
boicot de la música digital. Fue así que millones de consumidores descubrieron
de forma ilícita las grandes ventajas de la música digital.
Para
cuando los sellos musicales otorgaron las primeras licencias para escuchar
canciones en línea, el mercado sólo quería descargas, algo para lo que las discográficas
recién otorgaron licencias en 2003, casi cinco años después de que aparecieran
los reproductores de MP3.
Las
licencias se expandieron rápidamente a partir de ese momento, pero el daño ya
estaba hecho.
Los
libros digitales, en cambio, tuvieron licencias y no demandas judiciales desde
el principio. Las editoriales pueden enfrentar desafíos actualmente, pero como
me dijo un observador de la industria: "Al menos no nos
auto-inmolamos".
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